martes, 26 de mayo de 2009

LOS ARTISTAS INDEPENDIENTES TIENEN LA PALABRA


La ciudad de Neuquén cuenta con una nutrida cantidad de artistas, sólo entre bandas de rock la cifra asciende a más de 100. Sin dudas un aspecto muy positivo para la comunidad, aunque ésta no siempre llegue a conocer su oferta musical. ¿Qué es lo que lleva a que una masa tan nutrida de músicos no tenga difusión? Desde el gobierno se crean ciclos cuyo fin es mostrar las variadas propuestas locales, aunque para diversos sectores del arte esto no alcanza, ya que ciertas políticas solo llevan a “la precarización del trabajo”.

La cita estuvo pactada para las 17 en la sala cultural Conrado Villegas, ubicada en pleno centro neuquino, uno de los pocos espacios donde los artistas pueden mostrar su trabajo. Aquí se proyectan películas, se realizan conciertos, seminarios, y las propuestas son bien recibidas.
Héctor Navarro, mas conocido como "Chakal", recorre impaciente los pasillos del lugar: “Espero que venga alguien, es la primera charla-debate que organizamos para todos los interesados en producción independiente y autogestión”. Comienzan a llegar. Ya son 6. En 30 minutos aumentan a 10, esto ya es un logro para los integrantes de la AMI.
Los músicos de la ciudad cuentan con un problema que va más allá de los estilos: les cuesta reunirse. Un aspecto que deben cambiar. La Asociación de Músicos Independientes (A.M.I) surgió en el año 2006 como una necesidad colectiva de un grupo de músicos de la región que se sentía completamente abandonado.
El debate lo abrió "Chakal" -baterista de la banda Another Freak y vicepresidente de la asociación-, quien brindó estrategias ligadas a la producción y la autogestión. El primero de los temas tratados engloba todo lo referido a la planificación de un proyecto, en el caso de organizar un recital, esto implicaría la búsqueda de lugares para presentarse, confirmar fechas, horarios, y pedir todos aquellos presupuestos que deberán correr por cuenta del músico (como el flete).
Allí surgió el problema de la falta de espacios habilitados en donde presentarse, un reclamo que lleva más de diez años por parte de distintos sectores referidos al arte. “En la región hay cada vez mas artistas que estudian para serlo, pero hay menos espacios", dice Miguel Ángel Barcos desde las páginas de un diario regional. Todos están de acuerdo.
Chakal resaltó que al no contar con espacios, los músicos recurren a pub’s, que no están preparados para que se logre un buen sonido. Si bien se reconoce el uso del auditorio del Museo de Bellas Artes, de la Legislatura y el de la Casa de Gobierno, manifiestan que estos no son lugares específicos para ciertos artistas, como los de rock.
Por otro lado se hizo referencia a la autogestión. De esta manera son ellos -los artistas- los encargados de realizar todo lo que rodea su obra, desde la difusión, actuaciones, recurriendo a la prensa o pegando afiches en la vía publica, hasta la búsqueda de auspiciantes que ayuden a costear los gastos que representa una presentación en vivo. Dejan en claro que a la hora de organizar un show se debe contar con mucho tiempo, buscando estrategias para que el público se acerque y conozca el trabajo de los artistas que cuentan con escasa difusión radial. “Necesitamos que haya una modificación en la ley de radiodifusión, para que el músico regional sea difundido”, aseveró Chakal.


Un ciclo cuestionado

Hace diez años existe en Neuquén el “Verano Cultural”, una iniciativa de la Secretaria de Cultura que comanda Oscar Smoljan, cuya finalidad es brindar un espacio de difusión a distintos artistas.
Lo que en 1999 era una dirección de Cultura, con el paso del tiempo creció y se consolidó actualmente como una secretaría. “Empezamos con el 0.7% del presupuesto total del municipio y ahora estamos con el 4... Estas sumas se destinan a instituciones e infraestructuras”, remarcó Smoljan, quien añadió que la cultura es la herramienta que tiene la sociedad para igualar socialmente.
De esta manera distintos artistas realizan todos los veranos actividades que se desarrollan en diversos sectores de la ciudad como: zona oeste, centro y las costas del río Grande y Gatica, congregando una gran cantidad de público que disfruta gratuitamente de la amplia variedad de espectáculos.
Pero hay detractores al plan gubernamental. “El verano cultural es una instancia de precarización del trabajo artístico”, opinó el guitarrista local Sergio Melo, quien planteó las principales fallas por las que tuvo que atravesar en su participación del ciclo.
Cada escenario tiene un responsable que se encarga de coordinar los números que actuarán cada noche y de administrar el presupuesto asignado (que ronda entre los 400 y 500 pesos) dependiendo del género. Existen escenarios –como el de folklore- en los que se presentan hasta cinco solistas (o grupos), además de dos o tres cuerpos de baile.
Con un presupuesto tan escaso, ¿cómo hace un responsable de escenario para dignificar la actividad laboral de los participantes?, se preguntó Melo, quien además explica que detrás de cada artista existe una gran inversión de tiempo y dinero. No se consideran los gastos extras, como el de pagar un transporte para llegar al lugar del evento…con lo que el gobierno municipal me paga por una presentación no puedo comprar ni siquiera las cuerdas de mi guitarra”, remarcó.
Otro de los problemas planteados es el de las condiciones técnicas con las que se encuentran al momento de subir al escenario que, "no siempre se presentan de las maneras mas optimas”. Mal sonido por cuestiones técnicas o humanas, son las más frecuentes.
El último de los temas que se planteó fue el de la “inestabilidad laboral”.
En primer lugar, “el pago por tocar en el Verano Cultural suele hacerse efectivo meses después, como en otoño”. Además se le exige al artista una factura para cobrar el dinero por la presentación “cual monotributista comerciante de la ciudad”, ironizó Melo.
Por otro lado, se plantea que el aporte realizado desde Cultura hacia la actividad musical se limita a tres meses en todo el año, sin ofrecer propuestas de contrataciones en el tiempo restante
Autoridades y artistas deberán encargarse de solucionar sus diferencias, ya que éstas sólo perjudican a los ciudadanos que esperan ansiosos por ver a “sus talentos” en eventos que sigan siendo gratuitos, generándose a través de la cultura nuevas formas de integración e inclusión.

Vega Jonatan, Segundo año de Periodismo.

martes, 19 de mayo de 2009

CUANDO EL DINERO ES MÁS FUERTE




A partir de la crisis del 2001, cuando las manifestaciones en las calles eran moneda corriente, cuando el corralito dejaba a muchos en la ruina, cuando De la Rúa renunciaba a la presidencia de la Nación, renacía aquí en la Argentina el trueque como una necesidad para sobrellevar dicha crisis. Por aquel entonces era sólo para intercambiar productos, pero con el correr de los años se fue transformando en un negocio, donde todo se compra y se vende.

En Neuquén capital, el rueque ha perdido su significado o se confunde con el de feria. Algunos feriantes sostienen que este cambio se ha dado porque el sentido de solidaridad pasó a un segundo plano.

Transitar por la Plaza de la Memoria el sábado resulta muy atrayente, ofrece un panorama muy pintoresco, socializador y diverso. Ahí convergen una gran cantidad de personas, unas con el objetivo de comprar, otras como una ayuda por la falta de trabajo y otras simplemente van porque lo ven como un pasatiempo o una entrada extra.

A la mañana bien temprano se ponen manos a la obra. Unos arman sus carpas, ponen sus mesas y sobre estas depositan diferentes tipos de productos, desde ropa, utensilios, hasta las más insólitas cosas. Están quienes con menos recursos o por comodidad tienden en el suelo una manta y dejan a la vista lo que venden. Otras elijen andar con cajas y bolsas por el amplio verde de la plaza.

El recorrido es arduo y lleno de contrastes. Hay feriantes que tienen más recursos, que arman amplias carpas, cuentan con un gran stock, llevan dvd’s, televisores o equipos de música como herramienta de trabajo. Por lo general, son los que se encargan de comerciar cd’s truchos o ropas con marcas que dicen ser lo que no son. ¿Quién se encarga de regularizar la gran cantidad de venta de productos ilegales, si supuestamente este es un delito penado por la ley? interrogante que se pierde entre la multitud.

Por otra parte, en esta feria se hacen presentes las familias bolivianas, que se caracterizan por su vestimenta, por llevar a cabo un trabajo grupal y organizado. Ellos tienen puestos de comida (que simulan ser una especie de restaurante) y de verduras. Según otros feriantes el problema de los bolivianos es la discriminación, porque “muchos les dicen que vienen  a ocupar el lugar de un argentino”. También surgen diferencias con éstos porque no comprenden que el trabajo infantil esta penado por la ley”, agrega Jorge, integrante de la comisión de la feria (un jubilado que concurre porque lo hace sentirse útil).

Estas variantes y otras que se presentan en la feria de la calle Independencia son algunas de las que ha intentado o supuestamente debería normalizar el Municipio desde que decidió (hace poco más de un año) intervenir en  ella.

“El trueque nació espontáneamente por iniciativa de los feriantes en el 2000-20001, por la necesidad de la gente, ellos se fueron organizando como pudieron dado que durante varias gestiones los intendentes miraron para otro lado”, explica Gustavo Beltrán de Desarrollo Local de Censos y Estadísticas de la Municipalidad.

“Nosotros a partir de dos censos realizados hace un año desde el área de Desarrollo Local estamos a cargo del ordenamiento de la feria y de las otras ferias que hay en los barrios. Al principio, la mayoría rechazaba el ingreso de la municipalidad pero cuando vieron que la actitud no era represiva empezaron a colaborar. Desde ahí, es que intentamos incluirlos en la economía de la ciudad, por lo que hubo varios avances,  como un convenio con Nación para la provisión de baños químicos, masones y gacevos. También, los verduleros han realizado cursos de manipulación de alimentos y la municipalidad los ha reubicado sobre la calle Independencia donde se han asfaltado dársenas para que ubiquen sus puestos” dijo Beltrán.

Desde la intervención de la Municipalidad en la feria del centro, se han otorgado credenciales (por las cuales los feriantes no deben pagar nada) aproximadamente a unos 700 feriantes por lo que fue necesario dividirlos por rubro, los espacios con los que cuentan son de tres metros por tres o de 1.50  por 3, según lo que ofrezcan y porque el espacio físico es limitado.

Además, la comisión formada por ocho integrantes de la feria trabaja conjuntamente con la municipalidad. Todos los sábados quince personas del Área de Desarrollo Local concurren a la feria para tratar de controlar las irregularidades que puedan sucederse. Sin embargo, Beltrán agrega que “la feria es un espacio muy informal por lo que incumplimiento de las normas va a haber muchísimas. Por ejemplo, los que elaboran comidas, venden CD’s o ropa no están en regla, en cuanto que la mayoría de los bolivianos que no poseen documentación legal tienen  más de un puesto, por lo general, de verduras a cargo de otro familiar”.

Mirado desde otro lado, ese espacio informal para los feriantes, no sólo al que concurren por necesidad, sino que también es de encuentro, de experiencia y de compromiso; como remarca Rosa, que todos los martes concurre a la feria que se desarrolla en el Barrio Villa Ceferino. Ella es jubilada y sostiene que ir a la feria le da alegría porque comparte con la gente y sale de la rutina.

“Un día antes de ir a la feria preparó algo para vender, a veces llevó tortas dulces o buñuelos, otras apronto ropa para llevar. El martes me levanto temprano, tipo siete y paso a buscar a mi sobrina Ana. Vamos temprano para agarrar lugar. Una vez allá acomodamos las cosas y tomamos mate, mientras esperamos que alguien venga a comprar, también nos turnamos para recorren la feria”.

La diferencia entre la feria de Villa Ceferino y la del centro Neuquino en cuanto a concurrencia de gente y de espacio es muy grande, pero ambas se constituyen como un espacio para cubrir necesidades o para salir de la rutina, como señalaba Rosa.

En la capital neuquina se realizan durante la semana muchas ferias, las hay en el Barrio Unión de Mayo, en Gran Neuquén Norte y Sur, en el Barrio Villa Ceferino, en el Barrio Progreso y en otros barrios; pero en todas, y en todos sus aspectos prima la diversidad.

Sin embargo, están aquellos feriantes que como Gonzalo sostienen que el trueque perdió su sentido porque la gente no entendió el tema del canje, el de dejar de lado el dinero, para cumplir con una ayuda solidaria; que era el principal objetivo de los que idearon el trueque.

Con sus idas y vueltas, con su organización y desorganización, con la multiplicidad que hay en las ferias es con lo que el Área de Desarrollo Local de la Municipalidad trabaja desde hace poco más de un año, intentando dar soluciones.

Esta búsqueda de organización se esta llevando a cabo con la entrega de credenciales a los feriantes, con espacios de ubicación establecidos, con reuniones para atender las diferentes problemáticas y con otros aspectos en los que actualmente se esta trabajando.

Si bien el trueque ya no responde al intercambio de un elemento por otro, en su nueva acepción de feria no deja de crecer, ya que desde el Área de Desarrollo Local destacaron que son cada vez más los vecinos que se organizan en sus barrios para tener un espacio de estas
características.

NOELIA HUENOHUEQUE, Segundo año de Periodismo.

 

 

miércoles, 13 de mayo de 2009

LIDIANDO CON LA MUERTE


Hace unas semanas Mario Arellan recibió un llamado a su celular en el que le comunicaron sobre un nuevo intento de suicidio de Jorge.
No es la primera vez que es elegido para convencer a otro de que no lo haga. Ni policías, ni bomberos pasan por la cabeza de los familiares cuando ocurre una situación tan drástica y determinante. Quien mejor que “uno de los suyos” para semejante momento.
Para quienes no estuvieron allí es difícil advertir por qué, luego de 27 años, no han podido superar aquello. ¿Por qué los suicidios siguen ocurriendo? Sólo quienes pisaron ese suelo frío, húmedo y desolado comprenden qué es lo que los lleva a tomar este tipo de decisiones, generalmente fatales. Porque la guerra de Malvinas que ellos vivieron dejó marcas muy hondas, marcas que no cierran con el tiempo.
La historia oficial dice que la guerra entre Argentina e Inglaterra comenzó el 2 de abril de 1982, duró 74 días, finalizó un 14 de junio y dejó como saldo 907 muertos, de las cuales 649 bajas pertenecen a soldados Argentinos y 258 a soldados Ingleses. La guerra había terminado. Aquel intento por recuperar la soberanía sobre esas islas ubicadas al sur fracasó.
Pero quienes lograron sobrevivir jamás imaginaron lo que les esperaba en su retorno. Aquí comenzaría una nueva historia. Una nueva guerra, aunque esta vez contra la discriminación, el olvido y el silencio.
El 7 de abril de 1982 llegó a la casa de la familia Arellan un telegrama del Ejercito Argentino comunicándole a Mario Héctor –el mayor de cinco hermanos- “presentarse lo antes posible en la unidad". Una semana después se encontraba pisando suelo malvinense, formando parte del Regimiento de Infantería n° 4 de Monte Caseros, Corrientes.
El recuerdo que le quedó de las islas es el de un lugar inhóspito, muy húmedo, donde pasó los 61 días que más lo marcaron en su vida. Pero mas allá de la guerra, dice que nunca comprendió el recibimiento que les dio la sociedad. “Llegue a pensar que mi único pecado fue defender la patria”, dice.
Desde el momento en que concluyó la guerra, fue el ejército quien dio el primer pasó para ocultar a los excombatientes, se comenzó un trabajo puertas adentro en el que se trató de minimizar la experiencia por la que estos jóvenes acababan de pasar. “Una vez que terminó el combate, los soldados fuimos trasladados hasta los cuarteles, donde todo el tiempo nos decían que no teníamos que mencionar el tema Malvinas”.
Sin dudas, la vuelta, la reinserción social, fue un proceso traumático en el que la sociedad -esa que alentó y apoyo el plan de recuperación de las islas- mostró su peor cara: la del olvido y la discriminación.
“Desde el momento en que decías que eras excombatientes te aislaban, te marginaban. Me daba vergüenza decir que era ex combatiente”, aseguró Mario con un tono que denota bronca y denuncia…“Nos sentíamos inútiles… nadie entendía por lo que habíamos pasado”.
Ese rechazo sufrido diariamente por los jóvenes llegados de Malvinas generó bronca, sensación de fracaso, y hasta los llevó a sentirse traicionados por el país que ellos defendieron con su vida.
Sin empleo,  asistencia psicológica ni políticas de contención por parte del estado, muchos optaron por terminar con sus vidas.
Entre 1982-1983 se registraron 50 casos de suicidios. Esta cifra fue incrementándose hasta alcanzar actualmente las 450 victimas. De esta manera la Argentina figura como uno de los países con la tasa más alta de suicidios de excombatientes. Como respuesta surgieron los Centros de Veteranos de Guerra, cuyo objetivo es brindar apoyo y contención a quienes arriesgaron su vida durante el conflicto bélico.
En la Provincia de Neuquén el centro se fundó hace una década, su actual presidente es Francisco “Pepe” Sánchez, quien fue enviado a Malvinas cuando tenía 20 años, y nunca imaginó que aquélla experiencia de 65 días, iba a cambiar su vida para siempre. Allí se desempeño realizando trabajos de apoyo y rescate a los pilotos de los Mirage, Canberra y Hércules.
 
Actualmente, con 47 años, recuerda el entusiasmo y el apoyo generalizado del que fue testigo aquel abril de 1982. “Nosotros fuimos a la guerra con el pueblo en la espalda y volvimos por la puerta de atrás”.
Al igual que todos los excombatientes, padeció en su regreso el maltrato psicológico que la sociedad supo descargar sobre ellos.
En su discurso destaca que la minoría de los que volvieron se quitaron la vida por estar  mutilados…“fue algo que no pudieron superar”, pero hay algo que quiere dejar claro: “Fueron muchos años los que vivimos de olvido, de rechazo, de abandono y eso es lo que  llevo a muchos compañeros al suicidio”.  
Sabe que la falta de contención social y profesional incidió directamente sobre los suicidios… se toma su tiempo… y  mientras apunta su pecho con el dedo índice de su mano derecha, afirma: “nosotros siempre decimos que los mejores psicólogos fueron nuestros pares”.
Para ellos, el tiempo no cura las heridas. Están allí, abiertas. Pero entienden que con el transcurrir de los años fue la sociedad la que cambio el trato hacia “los chicos de la guerra”. Actualmente su imagen genera respeto, y no indiferencia como en los ’80.
Saben que esta vez la batalla es contra sus miedos, contra los gritos en su  interior, que muchos optaron por silenciar con el estallido fatal de un disparo.
Será una tarea difícil, pero no imposible, para quienes supieron ganarle a la muerte en abril de 1982.
 
La mirada Psicológica
“Quienes han vivido una situación límite como una guerra, se ven afectados por trastornos emocionales severos que con el paso del tiempo se acentúan, esto se conoce como Estrés Post Traumático”, explicó la licenciada Valeria Brollo.
Según la OMS (Organización Mundial para la Salud), el porcentaje de afectados varía entre un 10 y un 30 % del total de las personas que debieron afrontar situaciones traumáticas.
Esta alteración emocional penetra de tal modo en el aparato psíquico que funciones como el intelecto, el juicio y la percepción se ven inhibidas. Algunos de los síntomas que se presentan son: descontento, revivir constantemente los eventos traumáticos, vergüenza, culpa, desamparo, sensación de no ser comprendido, soledad, daño a relaciones familiares, amigos, amor, sensación de “no hay futuro”, ideas suicidas.
 
Este trastorno irrumpe desde el sujeto a su familia, generando situaciones de conflicto, de dolor, de aislamiento; por eso es fundamental consultar a un especialista si se perciben algunos de los síntomas mencionados.
La falta de atención profesional durante la post guerra, llevó a más de 450 veteranos a optar por la única solución –según ellos- a sus problemas: el suicidio.
“El suicidio es un acto íntimo. Muchas veces la intención no es quitarse la vida, sino que lo que se busca es resolver en el momento una situación, buscando dar un alerta a su entorno”.
Muchos de los veteranos manifiestan que nunca han hecho terapia psicológica. “La terapia es un factor más de protección en la que se busca trabajar sobre lo que esta roto, debilitado, distorsionado”. Según la especialista existen tres tipos de factores de protección:
La familia es el primer factor de contención.
La religión actúa como factor de protección
La actividad laboral, cuando está ausente puede llevar a situaciones depresivas y de desesperanza.
 
Es importante tomar la iniciativa
Un primer paso es reconocer que hay un sentimiento de no pertenencia, de angustia, que no hay esperanzas de futuro. Luego habrá que  pedir ayuda terapéutica, mas tarde se convocara a  la familia, y a partir allí se trabajara para lograr insertar al afectado a la sociedad.
Los especialistas recomiendan a la familia hacer terapia, para saber como tratar a quien paso por una experiencia de este tipo. “Es muy difícil para alguien que no vivió una guerra comprender lo que padece un excombatiente.”
Siguiendo estos consejos, el veterano de guerra -aquel que defendió con su vida la patria- será testigo en primera persona de cambios que lo ayudaran a reinsertarse a la sociedad, manteniendo vínculos afectivos y recuperando la esperanza.

VEGA JONATAN, Segundo año de periodismo
 
 

martes, 12 de mayo de 2009

UNA HISTORIA DE VIOLENCIA QUE SE MULTIPLICA



“Yo pensé que era mi salvación: irme de mi casa a vivir con mi novio, a quien conocía hace 3 meses. Pero tiempo después, estando embarazada de 8 meses, él me pegó una piña en la panza y perdí a mi primer hijo”. Así comenzó todo.
A 22 cuadras del centro de Allen, en el fondo del barrio Progreso, vive Elisa junto a 5 de sus 6 hijos en una casa de ladrillo sin terminar, de tres habitaciones, ventanas cubiertas de cartón y una puerta principal rota que deriva en una entrada trasera. El portón de entrada es de madera y está muy deteriorado. Siguiendo el camino hacia atrás se encuentra ella, con sus 42 años mal llevados.
Podría trabajar en el puerto, sin exagerar. No debe pesar menos de 80 kilos y medir un metro y medio, de ojos marrón claro, piel rosácea, manos como gigantes tenazas y cabello castaño claro que le llega al cuello.
Su vida ha sido marcada a fuego por la violencia familiar: siendo la tercera de 5 hijos sufrió abusos físicos y emocionales. Chilena, llegó al país junto con su familia a los 9 años a trabajar en la cosecha de uvas, terminó la primaria en Allen y empezó a trabajar cama adentro.
“En mi casa todos trabajábamos, y los fines de semana cuando volvía, tenia que entregar toda la plata sin poder dejarme nada, y encima plancharle la ropa a mis hermanos. Ellos sí se podían comprar lo que querían”, recuerda con ojos embroncados.
“Cuando conocí a mi marido, dije: ¡ésta es mi salvación!, lo único que quería era irme de mi casa”, comentó con un tono de voz sobresaltado. Su marido, que aquí se llamará César, la golpeó siempre, tomado o sobrio, sin importarle ni siquiera que ella estuviese embarazada. Así perdió su primer hijo, después de una trompada directa a la panza. Él la culpó. Siempre lo hacía. La situación derivó en una separación.
Sin embargo, César pidió perdón. Elisa, que se encontraba viviendo e la intemperie - en la parada vieja de Neuquén- y, no quería por nada del mundo regresar a la casa de sus padres, le dijo que sí. César no cambió su hábito de golpear, sólo disimuló. Elisa se resignó y sometió hasta el punto de no poder ni siquiera planificar el nacimiento de sus hijos, pues su marido se lo impedía y le tiraba las pastillas anticonceptivas. Por aquel entonces nacieron tres de ellos, separados por un año cada uno. La violencia se agravó. Su hija mayor - que tenía 5 años- y presenciaba cuando golpeaban a su madre, atemorizada le dijo: “vámonos mamá”. La gota que rebasó el vaso fue que Cesar junto a su hermano la amenazaron de muerte.
Elisa se animó a denunciarlo. No había opción: Estaba determinada a abandonar su casa, por lo que ignoró las otras alternativas que le presentó el juez.
Después de convivir una semana en la casa de una familia amiga, tomó terreno en lo que actualmente es el barrio Progreso, conformado sólo de tomas. Allí con materiales que la municipalidad le donó levantó una pieza de cantonera con techo de chapas. El juez le ordenó al padre de los niños limpiar el terreno y pagar la cuota alimentaria que sólo abonó 4 meses.
No obstante lo que podía vislumbrar como una esperanza de tranquilidad y paz, se opacó porque Elisa estaba otra vez embarazada y se dio cuenta que “no podía sola”. Volvió con Cesar. La relación mejoró, los golpes ya no estaban presentes porque había un juez atento. Sin embargo el tiempo pasó y regresó la violencia física para Elisa y la emocional para sus 6 hijos. La decisión final fue sacar para siempre a su esposo de la casa. El magistrado la respaldó.
Hace 5 años vive sola con sus hijos y amanece una nueva relación amorosa con otro hombre. Como la mayoría de las victimas, Elisa es una mujer callada, tímida, y discreta. Pero ahora está conociendo la felicidad. Y sabe lo que es la tranquilidad.
Pero Elisas, como la antigua, son las que sobran en Allen. El juez de la localidad, Miguel Vilá confiesa: “se incrementaron los casos de violencia familiar en la ciudad. En lo que va del año el juzgado de paz recibió 70 casos, lo que equivale a uno por día”.
Para Vilá las denuncias se incrementarán, sobre todo por los desbarajustes que se produjeron durante la última cosecha, con grandes pérdidas para muchos productores y empresarios. Según estimó, el 90% de los casos que recibe el Juzgado de Paz tienen origen en factores económicos. Mirando fijó y con seguridad dijo: “si la pareja no está consistente, se desborda”.
Vilá, quien hace un año asumió el cargo de “juez”, pero durante varios fue mano derecha de su antecesor, señaló que “es preocupante la desvalorización de la mujer, su temor a reclamar ante las autoridades, y lo que lo es más aún, es que se culpan por el maltrato”.
Desde su despacho repleto de papeles, el subcomisario de la unida sexta, Bruno, señaló que el número de denuncias de mujeres golpeadas “se mantiene, por el temor a quedarse solas con los hijos”. El uniformado reveló algo que se rumorea pero que nadie confirma: en Allen, los hombres de plata también golpean a sus mujeres. Y cada vez son más los casos. “Lo que sucede es que las esposas maltratadas lo hacen de forma encubierta; ponen un abogado y no van al juzgado a hacer la denuncia”. En esos casos “juega mucho la reputación del apellido y el prestigio de la familia”, afirmó.


Llama la atención también el caso de un abogado que tiene “orden de exclusión” de su casa por violencia familiar. Está determinación judicial “se debe al peligro y riesgo que corre la vida de sus hijos y su esposa con su presencia”, confirmaron desde la fiscalía en comisaría de la cuidad. También ofrecieron un dato alarmante: el año pasado una de cada 10 denuncias era por maltrato; mientras que éste año son 6 de cada 10.
A partir de la ley provincial de violencia familiar 3040, promulgada en 2003, el juzgado de Paz comenzó a trabajar en conjunto con la Unidad Ejecutiva Local (dependencia de la Municipalidad), una organización que también recibe en forma autónoma denuncias de violencia familiar.
La unidad recibe casos desde el Juzgado, la Fiscalía, el hospital y la comisaría y a partir de ello, se encarga de enviar asistentes sociales a los hogares, que realizan un seguimiento de la situación y luego elaboran un informe.
Mirian Morales, una empleada administrativa de la organización, señaló que con ese mecanismo “han minorizado la violencia”. Con una actitud de incomodidad, manifestó que las mujeres de la ciudad “se concientizaron de que la violencia no se ejecuta sólo físicamente, también en los ámbitos emocionales y psicológicos”.
La Unidad Ejecutiva Local registró el año pasado un total de 93 casos de violencia familiar, 49 con víctimas mayores y 44 de menores.
María, la secretaria de la fiscalía, quien recibe diariamente tanto a las mujeres golpeadas como a los agresores, describió el perfil de un golpeador como el de una persona con dos facetas: para los amigos, los compañeros de trabajo, o vecinos es alguien solidario, una buena persona, “alguien de quien es imposible creer que golpea a su mujer”; pero de la casa para adentro es un moustro.
Según mujeres que sufrieron maltrato, después de golpearlas su conyugue abusa de ellas, se disculpa y promete que no lo hará más. Su método de convencimiento son las lágrimas. Llorar como una criatura pidiendo perdón. La mujer por su parte, siempre tiene la esperanza de que vaya a cambiar, si no es por ella, por los hijos.
Frente a las autoridades un golpeador generalmente se excusa diciendo que su mujer “lo provocó”, que “ella lo lleva a reaccionar así”. Otros, descaradamente, lo niegan. Los hombres coinciden –la mayoría- en que la mujer lo desafió, lo degradó y desvalorizó sexualmente.
Según María, un agresor “no reconoce que necesita ayuda” porque para él es normal golpear a su mujer, ya que- generalmente creció en un entorno de violencia.
“El orgullo, sumado al ego masculino es igual a ver inferior a la mujer y considerarla como una propiedad”, explicó. Ésta es la formula de la que se valen muchos maltratadores, que golpean salvajemente a su mujer delante de sus hijos. En muchos casos, esos mismos hijos enfrentan a su padre, algunos hasta con armas.
En otros, la cadena continúa. Ese mismo hijo que ve cómo su padre golpea a su mamá, va incorporando conductas violentas. En algunos casos, como sucedió en Allen, después de que finalmente se acaba el calvario con su marido, una señora lo empieza a vivir con sus hijos. Éstos la humillan, la golpearla. Y así, el infierno vuelve a surgir.

Valeria Mercado, segundo año de Periodismo.